El 24 de febrero, fecha en que los cubanos conmemoramos el reinicio de nuestras gestas libertadoras, tuvo lugar la sesión constitutiva de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Para quienes insisten en decir que en la Isla no existe democracia, y apuestan a la desaparición de la Revolución cuando ya no estén presentes sus líderes históricos, la nueva composición de ese órgano legislativo fue una respuesta contundente.
El General de Ejército y recién reelecto Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, fue explícito al referirse a la necesidad de una transferencia paulatina y ordenada de la dirección del país, a las nuevas generaciones, lo cual se puede constatar en los cambios realizados tanto en el Consejo de Estado, como en la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Asimismo, señaló la necesidad de armonizar los postulados de la Constitución de la República, con los necesarios cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.
De esta forma, aseguraremos la continuidad de las conquistas de la Revolución, a la par que seguiremos avanzando en el perfeccionamiento de nuestro sistema social, lo cual nos permitirá hacerlo cada vez más justo. A quienes no lo crean así, les ofrezco algunos datos: de los miembros del Consejo de Estado recién electo, el 61,3 por ciento nació después del triunfo de la Revolución, y dos de sus vicepresidencias están ocupadas por mujeres, quienes constituyen el 48,86 por ciento en la Asamblea Nacional, renovada en un 67,26 por ciento; el 82,68 de los parlamentarios posee nivel superior de educación.
Como puede apreciarse a simple vista, las mujeres y las nuevas generaciones están presentes, con una fuerza cada vez mayor, en la toma de decisiones y la planeación de nuestro futuro. El que la máxima instancia del Poder Popular exhiba un porcentaje de integrantes tan alto con enseñanza superior, es un indicador fehaciente de cuánto hace la Revolución por elevar la escolaridad de nuestro pueblo.
Otro aspecto que ratifica la decisión de cambiar todo lo que deba ser cambiado, expresado por Fidel en su concepto Revolución, lo constituyen las modificaciones que se proponen introducir en la Constitución, dentro de las que se encuentran la de limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño en los principales cargos del Estado y del Gobierno, aspecto que con anterioridad ya Raúl había planteado, así como establecer un límite máximo de edad para ocupar esas responsabilidades. Raúl Castro, al referirse a la necesaria reforma de la Carta Magna de la Nación que tales modificaciones implica, explicó que habrá de tomar un tiempo prudencial, pues si bien algunas cuestiones pueden modificarse por el propio Parlamento, otras requieren del voto favorable de la mayoría de los ciudadanos en referendo. Esclareció que no obstante, en su caso, con independencia de la fecha en que se perfeccione la Constitución, este será su último período de mandato, con lo cual demuestra su confianza en las nuevas generaciones y en que la continuidad de nuestro proceso social está garantizado, silenciando de paso cualquier comentario malicioso que sobre una demora de estos cambios, puedan intentar promover los detractores de la Revolución.
¿Acaso esta actitud de Raúl no es una demostración sobrada de democracia y de entrega revolucionaria, como mismo lo fue el caso, hace cinco años, cuando nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, renunció públicamente a sus cargos ante la imposibilidad de mantenerse al frente del país por sus problemas de enfermedad? ¿O que el compañero Esteban Lazo sea el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a pesar de su origen de pueblo?
Para quienes pretenden acusarnos de antidemocráticos, este 24 de febrero ha constituido una nueva demostración de cuán equivocados están. Nuevamente el clarín mambí resonó, para indicarle al mundo que los cubanos no permitimos, ni permitiremos, injerencias de ningún tipo en nuestra soberanía y que el futuro de la Patria está asegurado.
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