La prolongación de la vida siempre preocupó al hombre desde que este era un párvulo. Como quien dice, desde la misma Comunidad Primitiva, los seres humanos empezaron a sentir inquietud por los misterios de la vida y la muerte, la juventud y la vejez, y de hecho emprendieron viajes riesgosos y venturosos, en busca de la fuente de la juventud.
La prolongación de la vida es un logro que responde al desarrollo científico, la disponibilidad de recursos y la implementación de políticas estatales, sociales y culturales, consecuentes, a favor de la existencia y en contra de las enfermedades y otros males que afectan a la humanidad.
En Cuba, pequeña Isla del Tercer Mundo, sin grandes reservas de recursos naturales y bloqueada por la potencia más poderosa del planeta, es también voluntad política, tener a la salud pública y la atención médica y hospitalaria como prioridad, al alcance de todos, de manera gratuita, y la implementación de programas de cuidado y bienestar, en función de las personas de la tercera edad.
A partir del año 1990 se conmemora el primero de octubre a nivel mundial, el Día Internacional del Adulto Mayor. La jornada fue establecida por las Naciones Unidas para favorecer la toma de conciencia sobre el valor de la prolongación de la vida y la necesidad de favorecer sociedades cada vez más integradoras y justas para todas las personas adultas mayores.
Aun cuando la Revolución cubana siempre ha tedido que avanzar sorteando las constantes embestidas de una situación económica adversa, sus hijos hoy celebramos la fecha con el orgullo de exhibir una esperanza de vida promedio de 78 años en sentido general, y de 80 en el caso de las féminas y 76 los varones.
Pero en la Mayor de las Antillas, no solo preocupa que las personas vivan más sino que a medida que envejezcan, de igual modo, vivan mejor, sin que para nadie los años constituyan un susto.
De ahí que el Estado invierta muchos recursos en busca de una mejor calidad de existencia para este grupo etario. En función de garantizarles un discurrir placentero, sano y útil, se ha diseñado un programa integral de atención, que prevé cuidados sanitarios, asistencia social, hogares de ancianos, círculos de abuelos, en los cuales se facilita la práctica de ejercicios y la recreación, además de la Universidad del Adulto Mayor, un espacio para el desarrollo intelectual. En fin, un abanico de medidas dirigidas a dar respuesta a sus necesidades económicas, culturales, de atención médica primaria y especializada.
Sin embargo, el envejecimiento ha sido un proceso muy acelerado. Iniciamos l siglo XX con solo un 4,6 por ciento de la población con más de 60 años, llegamos a 6,9 en la década del 50 y empezamos el actual siglo con el 14,5 por ciento. Hoy contamos con más de dos millones de adultos mayores. La Habana figuras entre las provincia más envejecidas de la Isla. Para el 2025, tanto en la Capital como en el resto del país, habrá menos niños y más personas ancianas.
Pero nos preparamos para enfrentar ese reto. El gobierno también impulsa un programa dirigido a garantizar el reemplazo generacional, a estimular la fecundidad, y a su vez a crear las condiciones idóneas para la atención de los ancianos por la familia y la sociedad.
Decididamente, en Cuba envejecer no es ni será nunca un gran agobio ni problema insoluble.
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